Lopetegui, no es lo que parece

El España 3-Italia 0 de anoche será recordado, sobre todo, como el primer gran encuentro de Isco al frente a de la Selección. Las paradas de De Gea, la jerarquía de Ramos y Piqué, las dudas de Iniesta y Silva, el ciclón Morata como revulsivo, la primera titularidad de Asensio, el emblemático retorno de Villa o la enésima confirmación de que Busquets siempre es el mismo pero necesita jugar al lado de los mejores centrocampistas del mundo para cobrar sentido, fueron otras noticias destacables que llamaron la atención. Pero en lo futbolístico, lo trascendente acaeció durante el segundo periodo: pese a tener sobre el campo a Busquets, Koke, Iniesta, Isco, Silva y Asensio, Lopetegui replegó al equipo y jugó a la contra.
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Al leer los nombres del once titular, no queda otra que retrotraerse a la Eurocopa de 2012, por el hecho de que también contaba con seis jugadores de ese nivel asociativo y de que no había delantero puro. Sin embargo, la situación no es la misma. Empezando por lo bueno, el potencial goleador de Koke, Isco y Asensio es superior, de modo abrumador, al de Alonso, Xavi y Cesc, que eran quienes jugaban entonces. De la mano de los madrileños -o de Thiago, que sería quien, presumiblemente, entraría en la alineación si saliera uno de ellos-, España no parece tan condenada a saberse un equipo de un gol por encuentro. Y ya no se trata sólo de convertir los tantos, sino también de hacer daño. Isco o Marco inspirados, por sí mismos, ya crean más peligro del que creaba aquel colectivo en 90 minutos practicando su idea. Tal diferencia modifica el estatus emocional del grupo. Le permite mayor ingenuidad porque hay más hueco para el error.
Menos mal. Menos mal porque, tal y como se vio durante el primer tiempo, España no está capacitada para practicar el fútbol control que se presenció en aquella fase final de Ucrania y Polonia. Es cierto que se cuenta con una batería de centrocampistas que, uno a uno, están preparados para no perder la pelota; casi cualquiera de ellos sale de un acoso del rival con suficiencia fiable; pero a base de trucos personales se edifican rachas, no estados. Para alcanzar el estado de invencibilidad en lo referente a no perder el balón plantee lo que plantee el adversario no sólo se precisa de esa técnica que se sigue poseyendo, sino también de ese jefe cerebral que marque la posesión para llevarla a zonas donde sea más fácil, menos exigente, conservarla. Lo que eran Alonso y Xavi. Lo que, hoy día, es Kroos. Esta España puede defender con balón, pero a ratos. No siempre.
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De ahí que fuera tan interesante que, con 2-0, Lopetegui echase a la Selección atrás y se contrastasen dos hechos: 1. Un oponente que contaba con Verratti, Insigne, Candreva, Bernardeschi o Belottino pudo marcar y no amenazó demasiado a un De Gea que, como se apuntó en el primer párrafo, además resolvió con espectacularidad aquello que le tocó. 2. Al contraataque, en especial tras los ingresos de Saúl y Morata, España se mostró venenosa y eficaz. Y descubrir que Julen es consciente de que necesita un registro como este, sumado al hecho de que le funcionara ante un contrincante de gama alta, da pie a un optimismo moderado que, a meses vista de la Copa del Mundo, no está nada mal.